Cartografiar lo efímero: procesos detrás de mi práctica artística
- Andrea Benítez
- 7 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 12 mar
Siempre me ha interesado cómo lo que percibimos como estable se transforma con el tiempo. En mi trabajo, parto de esa intuición: la de que nada permanece quieto, ni siquiera la luz. Explorar el presente y su fragilidad se ha convertido en el eje de mi práctica, donde el color y la geometría funcionan como lenguajes para pensar el tiempo.

Observar el cielo
Fronteras Vivas nace de la contemplación del cielo, de sus gradientes cambiantes y de su carácter irrepetible. Observar el cielo es un ejercicio de atención: una forma de registrar el tiempo que pasa sin dejar huella. Cada transición cromática se convierte en una especie de cartografía lumínica, una frontera viva entre lo que fue y lo que está por desaparecer.
En mi proceso, esos registros se transforman en materia visual. A partir de fotografías de distintos momentos del día, traduzco las transiciones de luz en gradientes digitales que funcionan como paisajes del instante: abstracciones del tiempo.

Del registro a la vibración
El trabajo con impresión lenticular me permite transformar esos gradientes en estructuras que vibran con la mirada. El movimiento del espectador activa la obra: la superficie se desplaza, el color cambia, la percepción se altera. Lo que parecía estático revela su inestabilidad, recordándonos que la realidad también es una construcción móvil.
El color deja de ser una imagen y se convierte en una experiencia perceptiva. Lo que me interesa no es representar el cielo, sino recrear su condición efímera: su modo de existir solo mientras lo miramos.

Habitar lo efímero
Cada obra que realizo es un intento por materializar lo inestable, por dar forma a lo que solo existe en tránsito. En ese sentido, mi práctica no busca capturar el instante, sino expandirlo. Me interesa crear un espacio donde la mirada pueda detenerse, donde lo efímero adquiera densidad y pueda ser habitado.
El color, en su vibración constante, se convierte en una metáfora del presente: frágil, cambiante, imposible de retener. En esa tensión entre permanencia y disolución es donde encuentro el sentido de mi trabajo.
“No busco fijar lo efímero, sino materializar su tránsito.”

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